Resulta extraño, todo parece tener un punto bien acentuado de incertidumbre y locura al mismo tiempo. Decidí venir a Edimburgo sola, esta vez sin compañía. El principal motivo: aprender inglés. También lo quise así para tener una experiencia personal, partir de cero una vez más y continuar conociendo gentes y mundos. Algo que siempre nos hace crecer.
Y no es fácil. Mentiría si digo que todo está yendo como lo esperado. Constantemente experimento emociones que se contraponen: momentos fríos, como el tiempo, propios de la soledad que se siente cuando se está lejos, en una ciudad desconocida, sin los tuyos. Pero a la vez se ha construído una atmósfera cálida, gracias a la bondad de algunas personas que me han abierto las puertas de su casa sin ningún tipo de convencionalismo.
Aterricé con seis horas de retraso. Llegué de madrugada sin saber donde pasar la noche. Siempre me gustó improvisar, pero creo que esta vez se me fue de las manos. Finalmente me acogió Rosie, una conocida de Marc, mi amigo escocés, y una gran persona. Allí pasé mi primer día en la capital escocesa y después me trasladé a la casa de Marc. Fue una semana de búsqueda exhaustiva de pisos, nunca imaginé que resultara tan duro y complicado. Mientras tanto Marc y yo compartíamos mate y sueños cumplidos recordando nuestras experiencias por Latinoamérica. Demasiados cambios, demasiadas cosas vividas, demasiadas emociones. Y me habló de la espiritualidad. Y de la paz interior. Tras conocer su dura situación familiar comprendí que era el mejor de los refugios.
He continuado vagando de casa en casa cual ocupa y ahora duermo en el sofá de unos amigos que conocí en la calle. Son estupendos, pero necesito un poco de estabilidad. Espero que llegue pronto.
Escribo estas líneas en el Forest Café, un lugar muy especial que frecuento. Levanto la vista y veo gente leyendo, otros brindan con tazas de te y los del fondo preparan sus instrumentos para el concierto de esta noche. Cada día, en este bar, diferentes personas expresan su manera de entender la vida con música, con poesía, con danza. Todo el mundo está invitado a hacerlo. La estética es muy particular: paredes blancas pintadas con dibujos que en un principio no parecen tener sentido pero que si los observas bien esconden un gran significado, lo mismo que los objetos que están colocados por la sala. Hay plantas, tazas coloridas y juguetes. Creatividad en su expresión más pura. La gente que colabora lo hace voluntariamente y en vez de pagarles les ofrecen comida. Me encanta pasar las horas aquí, me evade, me hace sentir más libre.
Edimburgo pinta interesante. La arquitectura victoriana de sus edificios me traslada a un cuento, con un castillo en lo alto de la montaña. Y un chico toca su órgano en medio de los Meadows, un parque con un verdor capaz de alegrar cualquier vista. Es la ciudad de los locos y los bohemios, de eso no me cabe la menor duda.
jueves, 1 de octubre de 2009
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Lo leí en facebook pero ahora voy a seguir tus pasos por aqui... encontraste piso?¿ Mucha suerte y buenos días escoceses =)
ResponderEliminarte espío, guerrillera.
ResponderEliminarabrazos azules.
d.