domingo, 18 de octubre de 2009

Hasta pronto, Marc

Te conocí trabajando por un mundo mejor, sin excluidos. De ésto hace ya más de un año. Estábamos en Luján, un municipio al norte de Buenos Aires, colaborando como voluntarios en el programa cubano de alfabetización "Yo sí puedo". Creíamos en el cambio, en la necesidad de sembrar cultura en los pueblos del sur, en la revolución a través de la educación. Ideales que aún perviven y que no abandonaremos.

Todavía recuerdo tus palabras, cuando te entrevisté para una crónica que estaba realizando en aquellos días. Me hablaste sobre tus momentos de impotencia, en los que sólo querías llorar ante tanta miseria, ante tanta injusticia, ante tanta desigualdad. Palabras que no me dejaron indiferente. Vimos, palpamos y sentimos la cruda realidad que nos rodeaba, y no dejábamos de repetirnos por qué ellos no tenían derecho a estudiar y por qué tenían que vivir en villas de emergencia como marginados de la sociedad. Pero también supimos de los logros del programa y del elevado número de personas que habían aprendido a leer y a escribir gracias a Cuba y a toda la gente que trabaja día a día sin descanso en esta lucha. Y lo tomamos como el mejor ejemplo de que si se quiere, se puede.

La vida nos volvió a unir en Edimburgo, tu ciudad natal. Y por fin pudiste explicarme detalladamente cómo te había cambiado la vida en aquella aventura en la que recorriste Argentina, Chile, Bolivia y Perú. Me contaste cómo te las tuviste que ingeniar para conseguir plata mientras hacías malabares y vendías pulseras en las calles. Y llegaste a Cuzco, y te enamoraste del lugar y de una linda chica, Erica. Con 20 años te casaste y más tarde tuviste que volver a la vieja Europa. Ahora la Embajada Británica no permite venir a tu compañera. Putas fronteras.

Nosotros somos los únicos dueños de nuestras decisiones y tú elegiste regresar a Latinoamérica, donde está tu felicidad. Pocos luchan como tú ante las dificultades y pocos renuncian a una vida cómoda por amor. Eres un groso. Te admiro, amigo. Y aunque sólo ha sido un mes el tiempo que hemos compartido juntos en Escocia, son muchas las cosas que me has enseñado. Bendita paz interior, Marc. Y benditas las noches de música improvisada en el Forest Cafe. Tienes un corazón puro que desborda bondad y contagia alegría allí por donde va. Que nadie te mate la ilusión ni el alma, como me dijeron una vez. Suerte, valiente.

Espérame con un rico mate en nuestra amada tierra, ya elegiremos el lugar para encontranos, ¿te parece?

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